Sunday, May 13, 2007

Tacón punta


Un reflejo dorado, una brisa verde y unos rasgos pardos. Haciendo el amor con el aire, acariciando suavemente cada uno de los recovecos que deja el ritmo, partiendo con los brazos el cielo para envolverse con él, ella bailaba. Fijandose en los más mínimos pliegues de la ropa pegados a su cuerpo, disfrutando de cada uno de sus acompasados movimientos, persiguiendo su sonrisa a traves de los giros, él la observaba.

Tacón, punta, giro, brazo arriba, el cuello lo sigue, la espalda se contorsiona, punta, brazo, cuello, pierna, tacón, mirada, punta, sonrisa. Todos y cada uno de los movimeintos medidos para crear armonía, para hacer una obra de arte del cuerpo. Pincel en la piernas, cincel en los brazos, pluma en la boca, cuando uno mismo es la obra, cuando uno mismo es el símbolo, se es una obra efimera, pero de una infinita, envolvente y empática aura que hace ese efimero, esencial.

La brisa y la silla. Una brubujita de freixenet danza feliz porque hace lo que le gusta, bailar. Un tipo demasiado ancho para esconderse entre el público hace lo que le gusta, mirar. La brisa y la silla. Desde el escenario se cruzan sus miradas, ella no puede evitar sonreir, él tampoco. La brisa y la silla. Por fín conseguía verla en el mundo donde ella era la mejor de la ellas posibles y la más feliz.

Tacón, punta, tacón, punta, ya no es el escenario si no su corazón el que iba a ritmo. Los locos, los genios, los drogados, los visionarios pueden ver la grandiosidad de los sencillo. Por suerte para él estaba loco por ella, y si podía ver lo sencillo cómo bello, lo que veía en aquel momento era simplemente abrumador.

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